La cirugía del tabique nasal está ligada íntimamente a la realización de la rinoplastia, puesto que las malformaciones y las deformidades del mismo podrían influir en la arquitectura de las estructuras adyacentes. El tratamiento del tabique nasal pretende cumplir dos objetivos primordiales: en primer lugar corregir la posible obstrucción de las fosas nasales y en segundo, extirpar un segmento del septo que pueda utilizarse como injerto posteriormente.
El abordaje por vía externa está indicado en casos de desviación del borde anterior y cuando se realiza una intervención septal secundaria, o se han producido bridas cicatriciales que han cerrado el camino a un abordaje desde los orificios nasales.
Con el cartílago extraído se pueden tallar dos fragmentos para colocarlos a modo de injertos intercalares o de expansión (“spreader grafts”), que suelen dar más apertura a la válvula nasal y evitan así el colapso.
Un desgarro de la mucosa unilateral no suele tener repercusiones negativas, sin embargo, si es bilateral es preciso suturar al menos uno de los lados o bien recolocar cuidadosamente los colgajos, procurando realizar un taponamiento que afronte bien las zonas comprometidas, sin que queden orificios que comuniquen las fosas nasales.
Cuando se pretende abordar una zona menos extensa, podemos emplear la incisión de Killian, que consiste en realizar un corte sobre la propia mucosa nasal, de trayecto oblicuo, a unos 10-15 mm del borde caudal del septo. Como vías de acceso alternativas, existen la intrabucal, por disección del suelo de las fosas nasales, con la finalidad de tratar el pie óseo y por último, el abordaje por vía externa.